Por: matilde gonzález, desde Buenos
Aires
La privacidad de una buena comida se
cotiza al alza en la capital porteña. Ejecutivos, turistas
bien informados o famosos que buscan intimidad en sus
salidas, se reúnen a puertas cerradas en estos exclusivos
paladares boutiques.
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PERO COMO
NADIE ES PROFETA EN SU TIERRA, EL NORTEAMERICANO DAN
PERLMAN, cocinero y sommelier formado en Nueva
York, se entusiasmó con la movida de gastro-bar porteña y
también abrió las puertas de su departamento en Recoleta.
Con sólo dos mesas sus comidas son objeto de excelente
crítica en el New York Times y otros medios extranjeros.
Para Dan, “los restoranes a puertas cerradas, como los
llaman aquí, existen en todo el mundo. Nosotros —él y su
socio Henry Tapia— comenzamos a dar una especialidad por
mes, pero pronto los pedidos de la gente hicieron que
ampliáramos a dos, y hoy lo hacemos dos veces por semana.
Lo llamamos ‘Salón de comida y conversación’”, aclara.
En Casa Saltshaker los visitantes son
turistas y locales que comen en dos mesas compartidas con
un alto estándar gourmet. Sin embargo, el norteamericano
asegura que éstos no se mezclan con ejecutivos que “más
bien hacen encuentros de negocios”. Su propuesta se
renueva semanalmente según la disponibilidad de
ingredientes o su capricho, reconoce. Para el chef, no hay
un perfil definido de consumidor, sólo van “aquellos que
les gusta probar y beber bien, sean turistas, jubilados,
estudiantes o ejecutivos”, afirma.
...
Y, definitivamente si lo que se quiere
es ver y ser visto, el restorán de Dan Perlman en pleno
Recoleta, es el acertado. Abre los viernes y sábados a
partir de las 21 horas para un total de 12 comensales, en
dos mesas compartidas. No hay carta, es un menú
degustación, con cinco platos y cinco vinos maridajes.
Suelen ser temáticos: día de las Naciones Unidas o de cada
continente. Su público son los turistas, argentinos
gourmet, aventureros y ejecutivos onderos. Costo del menú:
US$ 30 y la bebida, aproximadamente US$ 12.