Ahora, para comer hay que tocar timbre
Surgen cada vez más restaurantes en
viviendas particulares que ofrecen exclusividad y discreción
by Nathalie Kantt
photo: María Aramburu

"Daniel Perlman, un chef y sommelier neoyorquino instalado en Buenos Aires
hace un año y medio, abre dos veces por semana las puertas de su
departamento, en Recoleta, y recibe a doce personas. "Es una reunión social
con intercambio cultural. Las personas se sientan juntas, sin conocerse",
explica Daniel.
Con sólo dos mesas -una para ocho y otra para cuatro-, Casa Saltshaker
propone un menú diferente cada semana. "Empezamos con amigos y ellos fueron
invitando. Vienen muchos expatriados, algunos argentinos y turistas", cuenta
el chef.
La propuesta es de cinco pequeños platos por 60 pesos y Daniel permite que
los comensales lleven su propio vino, tornando todavía más fuerte la
sensación hogareña. "No es un negocio lucrativo, pero es suficiente para
pagar mis expensas a fin de mes", observa el neoyorquino."